sábado, 16 de mayo de 2009

Investigación y humanidad

Dos poderosos adversarios. La primera ha justificado muchas veces sus fines, olvidando y relegando a la segunda. Del despedazamiento racional de un soneto… al espíritu iluminado del creador. De la contabilidad de palabras y el obsesionado deseo de conceptualizarlo todo, al placer de una letra enamorada, de una rima perdida en el sinsentido de la vida y la muerte, al desconcierto de lo incierto. La investigación, necesaria en áreas específicas del conocimiento, no es “el” conocimiento… sólo uno más, de muchos. Esta creencia de lo elevada y distante que se encuentra la investigación creo tiene que ver con la esperanza de algo estable y racional que responda a la irracional e inestable vida de los seres humanos. A la fugacidad de nuestros buenos momentos… a su destrucción, al fin y al cabo. No como dice Jason de las células cancerosas: no mueren, no se debilitan, son eternas! Ese era su deseo de investigar: la eternidad. Pero se olvida de la persona que hay frente a él. Tal vez lo eterno es cada uno de esos buenos y bellos momentos de vida, que se escapan, pero vuelven. Aunque al fin… llega el fin. Ojalá que llegue un día que no sean adversarias, sino que cada una sepa ocupar su lugar, y la investigación no se avergüence de ser humana.

El capitalismo y su sombra

El capitalismo y su sombra. A veces parece que ciertos árboles cubren a las especies pequeñas que se refugian bajo su fronda. Pero en realidad no nos damos cuenta que sus ácidos corroen sus dominios, en vez de ayudar a la protección del fuerte sol. El capitalismo aparenta ser una realidad, un árbol protector y abundante del que todos puedan tomar la fruta necesaria… y más!!!! Pero, aquellos que viven cerca, se dan cuenta que sólo es una sombra, un remedo de protección… o peor, un enemigo al acecho. Al acecho de su salud física, mental y espiritual. Una sombra, que como ladrón en la noche, sorprende a los desprevenidos, despoja a los legítimos dueños, engaña la buena voluntad de muchos. Nuestra cultura se ve invadida por las luces holiwoodenses de éxito sin esfuerzo, de ganancias sin contenido, riquezas que traen una supuesta felicidad. Espectros del siglo XXI, que desde el anterior, siguen normalizando deseos y sueños: la normalidad de vivir al borde de la angustia y el estrés con tarjetas de crédito que asfixian, la normalidad de vivir de apariencias, la normalidad de vivir consumiendo alimentos y vienes que no traen alegría y buena salud, sino enojo, angustia y problemas cardiacos.