“Dar sin pedir nada a cambio”, es la base del amor ágape. Es la belleza de la naturaleza cuya máxima expresión se cumple cuando está lista para dar… como en el Caballero de
lunes, 15 de junio de 2009
Síntesis de elementos
sábado, 16 de mayo de 2009
Investigación y humanidad
Dos poderosos adversarios. La primera ha justificado muchas veces sus fines, olvidando y relegando a la segunda. Del despedazamiento racional de un soneto… al espíritu iluminado del creador. De la contabilidad de palabras y el obsesionado deseo de conceptualizarlo todo, al placer de una letra enamorada, de una rima perdida en el sinsentido de la vida y la muerte, al desconcierto de lo incierto. La investigación, necesaria en áreas específicas del conocimiento, no es “el” conocimiento… sólo uno más, de muchos. Esta creencia de lo elevada y distante que se encuentra la investigación creo tiene que ver con la esperanza de algo estable y racional que responda a la irracional e inestable vida de los seres humanos. A la fugacidad de nuestros buenos momentos… a su destrucción, al fin y al cabo. No como dice Jason de las células cancerosas: no mueren, no se debilitan, son eternas! Ese era su deseo de investigar: la eternidad. Pero se olvida de la persona que hay frente a él. Tal vez lo eterno es cada uno de esos buenos y bellos momentos de vida, que se escapan, pero vuelven. Aunque al fin… llega el fin. Ojalá que llegue un día que no sean adversarias, sino que cada una sepa ocupar su lugar, y la investigación no se avergüence de ser humana.
El capitalismo y su sombra
El capitalismo y su sombra. A veces parece que ciertos árboles cubren a las especies pequeñas que se refugian bajo su fronda. Pero en realidad no nos damos cuenta que sus ácidos corroen sus dominios, en vez de ayudar a la protección del fuerte sol. El capitalismo aparenta ser una realidad, un árbol protector y abundante del que todos puedan tomar la fruta necesaria… y más!!!! Pero, aquellos que viven cerca, se dan cuenta que sólo es una sombra, un remedo de protección… o peor, un enemigo al acecho. Al acecho de su salud física, mental y espiritual. Una sombra, que como ladrón en la noche, sorprende a los desprevenidos, despoja a los legítimos dueños, engaña la buena voluntad de muchos. Nuestra cultura se ve invadida por las luces holiwoodenses de éxito sin esfuerzo, de ganancias sin contenido, riquezas que traen una supuesta felicidad. Espectros del siglo XXI, que desde el anterior, siguen normalizando deseos y sueños: la normalidad de vivir al borde de la angustia y el estrés con tarjetas de crédito que asfixian, la normalidad de vivir de apariencias, la normalidad de vivir consumiendo alimentos y vienes que no traen alegría y buena salud, sino enojo, angustia y problemas cardiacos.
domingo, 26 de abril de 2009
Baraka
En su texto “Los monederos falsos”, André Gide apunta: “Llega un día en que reaparece el verdadero ser, que el tiempo despoja lentamente de todo su ropaje de prestado; y si el otro está enamorado de esas galas, no estrecha ya contra su corazón más que un adorno vacío, que un recuerdo… que luto y desesperación” (p. 78). “Baraka” me pareció un poco la mezcla de la belleza (la naturaleza, su imponencia) y aquello oscuro y vacío que estamos estrechando con nuestra ligereza e inconciencia. Nuestras diferencias, nuestras similitudes entre las personas… pero nuestra infinita lejanía con el equilibrio de la vida. Tal vez por eso nuestros desequilibrios sociales, nuestra fría tecnología. Observa Gide: “Advertí que el hombre experimenta lo que se imagina experimentar” (p. 79). Tal vez nos imaginamos que es un mundo mejor el que creamos, pero la rapidez de los hechos, el pasaje incesante y profundo de estos quiebres nos llaman a la reflexión. ¿Cómo lograr un mundo, una sociedad, un individuo que pueda vivir con todos los seres (humanos y naturaleza) en unidad, en armonía? No me refiero a uniformar, a hacer desaparecer las diferencias, sino a la tolerancia de la sinfonía que es la vida en sus contrastes. Y, cómo ese respeto a la diferencia no es una complicidad con lo ominoso. Pero bien dice Gide, lo difícil es que “no soy nunca más de lo que creo que soy, y esto varía sin cesar” (p. 78).
Referencia
Gide, André. (1985). Los monederos falsos. Buenos Aires, Argentina: Hyspamérica
Ediciones Argentina, S.A.
martes, 14 de abril de 2009
El orden y el desorden en el universo
La teoría cuántica es una propuesta complicada. Pero tal vez lo más complicado es pensar un universo no en “fracciones”, o sea, como ordinariamente se leería el título: el orden como contraparte del desorden. Me parece entender de la propuesta, que en realidad lo que deberíamos pensar no sería en esas ‘partes’, sino en la unidad, la totalidad. Así, orden y desorden serían algo total, no descripción de posiciones opuestas y excluyentes. En algún momento alguien decía acerca del tiempo y su movilidad no lineal, sino como un ir y venir, más aún, como un estar al mismo tiempo (sincronicidad). Es decir, todo acontece al mismo tiempo en diversas dimensiones. Me pregunto si esta idea es la que ha motivado diversos filmes que juegan con el pasado/presente/futuro, como algo que fue pero está pasando de nuevo. Lo más interesante, al menos de lo que he escuchado, fue la idea de que la energía, los cuantos, deberían ser vistos no como separaciones (como los átomos), sino como “energía” que nos une con el universo, con el entorno, unos con otros, con lo humano, animal, vegetal y material. Con esto, tal vez podríamos superar el fraccionamiento que nuestra mente y cuerpo también sufre; podríamos comprender esa frase de que “cuando le hacemos daño al mundo, al reino animal y vegetal, nos lo hacemos a nosotros mismos, los seres humanos”. La otra idea que, derivada de esta teoría –según entendí- se maneja es la del “holomovimiento”, todo siempre en movimiento, nada estático, todo cambia momento a momento aunque no lo veamos. Nuestro cuerpo y mente cambia a cada segundo aunque no nos percatemos de ello. Estas ideas (sincronicidad, holomovimiento, relación constante y cambiante) provocan la extraña sensación de incertidumbre… para la mente es difícil pensar que la vida no es “estabilidad” o seguridad, sino movilidad e incertidumbre. Eso es un duro golpe al Ego.
Yo soy la que soy
“Yo soy la que soy”. Enorme dificultad plantea esta frase. ¿Quién soy? Parece sencillo y, sin embargo, nos “descubrimos” a menudo como haciendo algo donde no parece que seamos nosotros quienes actuamos; es más, parece que un extraño(a) actuara dentro de nosotros, pero no somos nosotros, no logramos vernos ahí… y surge la extrañeza, la sensación como si fuéramos “dos” personas y no “una”. Eckhart Tolle en su libro El poder del ahora, lo plantea como “el conflicto entre los pensamientos superficiales y los procesos mentales inconscientes” (p. 15). ¿Cómo volverse ‘dueño’ de nuestras propias acciones? Aunque pudiera parecer paradójico (cómo no ser dueño de sí, se dirá) es una extraña realidad del ser humano. Nuestros esfuerzos por la iluminación, la libertad interior u otras formas de llamar esto que se nos escapa y que intentamos domesticar son, al fin, nuestros esfuerzos para poder responder a esa frase inicial: “Yo soy…”. Y sí, al fin y al cabo no soy otra cosa más que eso, “el que soy”. Con mis días buenos y mis días malos, con mis gracias y mis errores. Con mis bondades y maldades. Con mis sueños y desilusiones. Al fin… esa historia que se escribe día y día en la que “Yo soy la que soy”.
domingo, 22 de marzo de 2009
Amor-ágape
¿Qué significa amor-ágape?
Según Wikipedia, agapē (gr. αγάπη) es el término griego para describir un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado y no el propio. Algunos filósofos griegos del tiempo de Platón lo emplearon para designar, por contraposición al amor personal, el amor universal, entendido como amor a la verdad o a la humanidad.
Denis De Rougemont (1997) indica que la encarnación del Verbo en el mundo es un suceso inaudito que nos libera de la desgracia de vivir, siendo este el centro de todo el cristianismo y el hogar del amor cristiano que
Irving Singer (1999) señala que mediante ágape Dios ama al hombre (y a todo lo demás) en un otorgamiento gratuito de bondad ilimitada. El ágape precede al amor del hombre y lo ensalza en todos los aspectos.
En los primeros tiempos del cristianismo, ágape también significaba una comida en común, que es la acepción que conserva en la actualidad: comida, banquete. Además, es el amor que devora al amante, por ser éste capaz de entregar todo sin esperar recibir nada a cambio.
Anders Nygren (citado por Singer, 1999), describe el contenido del ágape en función de cuatro puntos básicos del cristianismo, a saber:
1) El ágape es espontáneo e inmotivado. Al amor no lo genera ningún deseo de un objeto, independientemente de lo bueno que este objeto pueda ser. Dios es el principio de bondad, Él ama sin motivación alguna; su amor surge espontáneamente de su propia naturaleza como ser perfecto.
2) El ágape es indiferente al valor. El amor de Dios no sólo es incausado, sino que sopla donde quiere. Ágape es indiscriminado, sin que importe el valor previo de lo que escoge como su objeto (pecadores, inútiles, malos…).
3) El ágape es creativo. Implica la creencia en un Dios creador omnipotente.
4) El ágape es el iniciador del compañerismo con Dios. El cristianismo surgió porque los hombres habían empezado a desesperarse: Ágape brinda esa unión con Dios que todos los hombres desean pero ninguno, ni siquiera el mejor, puede iniciarlo.
Por otra parte, en psicología social el término ágape se refiere a uno de los arquetipos amatorios: El amante en quien predomina el arquetipo ágape valora los intereses y emociones de los demás por encima de los suyos propios. El eros es la primera fase del amor entre parejas, ya que es un amor más egoísta que busca poseer al otro; el ágape es más altruista.
Referencias
De Rougemont, Denis. (1997). El amor y occidente. 7ª Edición en español. Barcelona, España: Editorial Cairos, S.A.
http://es.wikipedia.org/wiki/Agapē
Singer, Irving. (1999) La naturaleza del amor. De Platón a Lutero. Vol. 1. 3ª Edición en Español. México, D.Fº.: Siglo XXI Editores S.A.